Graduaciones 2017

Buenas tardes, queridos padres, familiares, profesores, tutores, hermanas, directora, amigos y compañeros.  Gracias por acompañarnos en este día tan importante y esperado para nosotros, el día en el que decimos adiós a muchas cosas, en el que ponemos fin a una etapa.

 

Mamá, ¿te acuerdas el primer día de cole? Algunos con nervios, otros con ganas, miedo, sueño… pero sobre todo, deseosos de comenzar un nuevo camino.

 

Recuerdo que la primera vez que vine al salón de actos estaba ahí sentado, en las primeras filas, viendo la representación de los villancicos y flipando con los chicos mayores de 1º de primaria. Después de más de una década estoy aquí, sintiéndome el veterano del colegio, el de segundo de bachillerato, el ejemplo de los pequeños. Y asusta saber que es cierto cuando te decían que el tiempo pasa rápido. Y pensar que hace nada estaba con el babi, pasando del patio de arriba a finalmente el patio de abajo, y ahora, guardando el uniforme en el baúl de los recuerdos.

 

Y todo empieza ese día en el que tus padres deciden dar el paso de dejarte en la guardería para empezar el colegio.  Todo se veía tan grande: las clases, la gente... Todo se veía tan difícil, incluso cuando nuestras asignaturas eran pintar y echarnos la siesta. Pero todo esto se hacía mucho más fácil gracias a la hermana Rosa y a nuestros profesores que siempre estaban pendientes de nosotros. Y ahí se agradece que sea un colegio pequeño, la familiaridad se sentía desde el primer día.

 

Cuando ya estábamos en tercero de infantil y nos creíamos los reyes, nos pusieron un nuevo reto: pasar a primaria y volver a ser los pequeños. Pero nosotros íbamos con energía, con nuestra mochila de dos ruedas y preparando nuestro armamento de bolis y lápices de colores, esas semanas en Septiembre antes de empezar el colegio. Y cómo cambió la cosa. Por primera vez empezamos a tener nuestros primeros deberes y con ellos nuestras primeras quejas.  

Y pasábamos los cursos, conociendo nueva gente y dejando atrás a otra. Íbamos teniendo cada vez más responsabilidad: deportes, actividades extraescolares... Aún así, los años cada vez eran más especiales, nos íbamos sintiendo mayores. Desde la primera comunión, hasta la granja escuela. Cada vez nos sentíamos más expertos sobre esta etapa, ya estábamos integrados en el colegio. Debe ser que las regañinas de Hortensia o la hermana Carmen iban haciendo efecto.

 

Seguían pasando cursos y cursos, y te ibas dando cuenta por ti mismo que pasabas de jugar a los “tazos” y los cromos en los recreos, a salir corriendo del comedor para echarte un partido clase contra clase. He de mencionar aquí el gran reconocimiento a las empresas fabricantes de rodilleras.

 

Pero Primaria no iba a durar para siempre. Llega el momento en el que tienes que dar el salto a la ESO. Pasabas de cuadernos pequeños a grandes, y eso ya daba miedo. Además, por primera vez te enseñaban a hacer una ecuación, y flipabas con que hubiese una letra en matemáticas. Pero lo peor fue el hecho de mezclar la clase A y B. Nos sentíamos como si estuviésemos traicionando a nuestra antigua clase. Inocentes de nosotros que años más tarde acabaríamos todos en la misma clase.

 

Pero este cambio nos sirvió para conocer a más gente, para hacer nuevos amigos, además de los que se incorporaban a nuestro colegio para remar con nosotros en este camino.

 

La E.S.O no fue fácil, ni para nosotros ni para nuestros padres. El pavo que teníamos se hacía notar. Seguíamos teniendo nuestros piques y tonterías en los recreos, seguíamos siendo unos niños a pesar de sentirnos mayores.  Lo mejor de este ciclo fueron los viajes. El Escorial con sus tirolinas y las noches en vela. Y pasados los años llegó la deseada Salamanca, que a más de uno le encanta recordar lo bien que se lo pasó en ese viaje, y por otro lado, hay algún otro que ni siquiera quiere mencionarlo.

 

Cada año se iba complicando más. Todos los profesores nos avisaban de qué teníamos que estar en serio en el colegio, que este ciclo era un pequeño trámite para pasar al famoso bachillerato.  Siempre teniendo en cuenta que en unos pocos años ya estaríamos en la universidad, y para nosotros todavía sonaba muy lejos. No nos veíamos preparados para lo que venía, todavía seguíamos jugando a la PlayStation y comentando chorradas en Tuenti en fotos de nuestras amigas.

Pero cada vez se acercaba más y más. Ya en cuarto teníamos que decidir qué rama coger: ciencias o letras. Ya empezaban las charlas con Jose Félix sobre qué queríamos hacer en el futuro, sobre las oportunidades laborales, las notas…

Sin embargo, no todo eran preocupaciones, es más, éramos unos chavales de quince años con ninguna obligación más que estudiar.  Nos lo seguíamos pasando como niños, disfrutando de cosas que cada vez eran más cosas de " mayores”.

 

Finalmente, llega el Bachillerato. Después de los buenos momentos de la E.S.O, llega el esperado ciclo en el que "todo cuenta". Estos dos años probablemente te marcan más que los trece restantes. Bachillerato es una mezcla de emociones: miedo, diversión, alegría, desesperación…  No solamente para nosotros, si no también para vosotros, padres y profesores.  Tantas horas de estudio, tantos fines sin salir… lo que parecía una tortura, ha merecido la pena.

Pero esto ya ha acabado,- por suerte o por desgracia, según quien lo vea-. Quince años han pasado desde el momento en el que nuestros padres nos llevaban de la mano por primera vez hacia esa aula de Infantil. Quince años que ahora solo son recuerdos. Como decía Rubén Darío "Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver” Pero todos esos momentos han servido para formarnos, a cada uno de nosotros. Hoy estamos aquí, gracias a cada uno de vosotros. Desde esas personas que se han ido, hasta esas personas que nos han aguantado todo este tiempo. Desde cada profesor, hasta cada persona no docente. Desde cada familiar, hasta cada amigo que ha sido como un hermano día a día. Simplemente, gracias a todos vosotros. Gracias por ayudarnos en este ciclo, ahora empieza un nuevo camino.

 

 

 

 

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